ASEDIO



ella era una terrorista del amor

atentaba contra mí lanzándome
bombas de besos,
balas de guiños,
granadas de sonrisas... 

era una profesional implacable,
una rebelde armada,
una asaltante irrefrenable

puso sitio a mi corazón
durante largos meses

finalmente,
me rendí ante ella,

le abrí mi reino,
mi casa y mi cama,
y ella plantó la bandera de la victoria
—su cepillo de dientes—
en mi baño

desde entonces,
soy su prisionero

2 comentarios:

  1. Como dice el propio blog, también este poema es la hostia.

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  2. Tú sí que eres bueno, Marcos. Un abrazo.

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